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Biodiversidad, endemismo y conservación de los ecosistemas de niebla

El desierto de Atacama, con sus condiciones extremas de aridez, destaca como uno de los ecosistemas más singulares del planeta. Un estudio realizado por Lubert y Pliscoff1 en 2019 reveló la presencia de nueve formaciones vegetacionales y 40 pisos de vegetación en esta región, abarcando desde los 18°LS hasta los 28°LS. Ello da cuenta de una gran diversidad vegetacional que incluye herbazales, matorrales y bosques, así como un alto número de especies de flora endémica, lo que convierte a esta zona en un escenario fascinante para la investigación y conservación de la biodiversidad.

En particular, las áreas costeras del desierto de Atacama resaltan por la notable influencia del agua de niebla en el mantenimiento de la vegetación. Específicamente, el aporte de agua de niebla juega un papel crucial, especialmente para especies arbustivas. Este fenómeno protege las plantas de la radiación solar directa, reduce las tasas de evapotranspiración y suministra agua a especies adaptadas a la captación de niebla.

Los llamados Ecosistemas de Niebla, constituyen comunidades de plantas dependientes de la humedad de la niebla costera. Estos se dividen en oasis efímeros, oasis de hierbas y arbustos, y tillandsiales. Se ha identificado más de un centenar de áreas con estos ecosistemas, abarcando aproximadamente 19 mil metros cuadrados entre las costas de Chile y Perú. En este contexto, nuestro país destaca al albergar alrededor del 30% de esta superficie, con más de 5 mil metros cuadrados de ecosistemas de niebla identificados hasta la fecha, según el informe de Moat et al. en 20212.


Oasis de niebla

Los oasis de niebla en nuestro país, también denominados “formación de lomas”, son ecosistemas aislados, separados por un hábitat hiperárido. Los oasis de niebla en el desierto costero del norte de Chile representan un hotspot de biodiversidad particularmente de plantas vasculares. En estos ecosistemas, la mayor parte del agua ingresa por efecto de la condensación de la neblina costera, y se restringen a pequeñas áreas donde la topografía de la Cordillera de la Costa favorece la captura del flujo aéreo marino.

En nuestro país, los oasis de niebla que se han investigado se caracterizan por la prevalencia de plantas herbáceas. Las semillas de hierbas anuales forman un “banco de semillas” en el suelo, con mecanismos de latencia que les permiten permanecer viables durante muchos años. La dura cubierta y compuestos químicos protegen las semillas hasta que las condiciones favorables para la germinación se presentan3. Muchas hierbas sólo pueden verse posterior a eventos lluviosos asociados al fenómeno de El Niño -aproximadamente cada 10 años-. Mientras más intenso sea el fenómeno, más responde la vegetación, como lo ocurrido el año 20154.

Las plantas, tales como arbustos y cactáceas, dependen principalmente en la captación de agua de niebla debido a la escasez de lluvia, demostrando una gran capacidad de adaptación al desierto. Sus estrategias incluyen hojas de tamaño reducido, recubiertas de cera o transformadas en espinas, así como estomas que se abren durante la noche o quedan resguardados en la cara inferior de las hojas. Algunas de estas plantas, como los cactus, son suculentas y tienen la capacidad de almacenar agua.

Dentro de este contexto, el género Nolana L. ex L. f. (Solanaceae) destaca con 90 especies, siendo la mayoría de ellas parte del desierto costero de Atacama, con 46 exclusivas de Chile. Estas plantas, ya sean herbáceas, pequeños arbustos anuales o perennes, presentan adaptaciones como suculencia foliar y tricomas que capturan humedad y limitan la transpiración. Algunas especies de Nolana son protagonistas del fenómeno conocido como “desierto florido”, vinculado a eventos climáticos como El Niño Oscilación del Sur, que trae consigo lluvias intensas y temperaturas relativamente altas. Además de su impacto ecológico, varias de estas especies poseen un alto potencial ornamental y un valor significativo en términos de conservación debido a su endemismo en hábitats extremadamente áridos y salinos5.

El papel de la niebla como factor ecológico primordial en la existencia de estos oasis vegetales es fundamental. La niebla protege a las plantas de la radiación solar directa, reduce las tasas de evapotranspiración, mantiene condiciones de baja temperatura y alta humedad atmosférica, y proporciona agua a ciertos taxones adaptados para capturarla. Sin embargo, es importante destacar que, a pesar de la influencia positiva de la niebla, la regeneración y reposición del banco de semillas, tanto anuales como perennes, depende en gran medida de lluvias esporádicas en el desierto.


Tillandsiales

Las tillandsias, conocidas como claveles del aire, son especies que no tienen raíces que extraigan agua y nutrientes del suelo, sino que se nutren del agua atmosférica gracias a pequeños filamentos (tricomas) que poseen en las hojas. Las tillandsias pertenecen a la misma familia que las piñas y los chaguales (Bromeliaceae). En el desierto de Atacama se ha estudiado una de estas especies como indicador de la presencia de niebla. Se trata de la Tillandsia landbeckii, que cubre algunas áreas acotadas y dispersas en la Cordillera de la Costa del desierto y forma comunidades llamadas tillandsiales o calanchucales, que se encuentran dispuestos en paños a altitudes superiores a los 800 m en la cordillera de la Costa del desierto de Atacama6.

La presencia de campos de tillandsias constituye, de manera efectiva, un indicador confiable en el caso de desiertos absolutos, donde las precipitaciones son escasas y se limitan a algunos años, principalmente vinculados al ciclos de El Niño. Así, la única explicación plausible para la existencia sostenida de estas áreas de vegetación reside en el aporte regular de humedad proveniente de la niebla, especialmente durante los meses de invierno y primavera7.


Líquenes y briófitos en el desierto

Los líquenes son una simbiosis entre hongos y algas o cianobacterias. El alga aporta su capacidad de realizar la fotosíntesis (alimento), y el hongo proporciona su capacidad para resistir la sequedad y la radiación solar (ofreciendo al alga un lugar húmedo, ten en cuenta que las algas suelen estar en el agua). Estos organismos parecen estar especialmente bien adaptados a las condiciones de niebla en el desierto, demostrando una fisiología capaz de soportar repetidos ciclos de hidratación y secado. La gran importancia de estos organismos radica en su excelente producción de oxígeno para la atmósfera.

El oasis de neblina de Alto Patache se ha destacado como un importante hotspot de diversidad de plantas vasculares. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que también alberga una significativa diversidad liquénica, favorecida por las condiciones microclimáticas relacionadas a la presencia de nieblas frecuentes y densas.

Un estudio realizado por Vargas-Castillo, Stanton y Nelson8 en 2017, analizó la riqueza de especies presentes en el oasis, reportando preliminarmente la presencia de 77 especies de líquenes. De estas, 61 especies son nuevos registros para la región de Tarapacá, y las especies Amandinea efflorescens, Diploicia canescens, Myriospora smaragdula y Rhizocarpon simillimum corresponden a nuevos registros para el país. Este avance significativo contrasta con investigaciones previas que reconocieron únicamente la existencia de 7 especies, subrayando la importancia de profundizar en el estudio de la diversidad liquénica en áreas desérticas.

Otras investigaciones en relación con la existencia de musgos, hepáticas y antocerotes en los oasis de niebla en el desierto de Atacama, han resultado en el hallazgo de más de 50 taxones, superando significativamente las 9 especies conocidas anteriormente. Entre los descubrimientos destacados se encuentran nuevas poblaciones de especies como Frullania weberbaueri cerca de Paposo y en el Parque Nacional Pan de Azúcar, la expansión de áreas de distribución para especies endémicas como Frullania reicheana hacia el norte y la presencia de especies como Aloina roseae, Costesia macrocarpa y Rhodobryum chilensis en regiones específicas, ampliando su rango geográfico conocido. Además, se sugiere la posible identificación de nuevas especies en los géneros Lewinskya y Orthotrichum.


Estado de conservación

El Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) en Chile abarca el 21,79% de la superficie terrestre del país, lo cual representa un avance significativo en la conservación de ecosistemas y biodiversidad. Sin embargo, es fundamental destacar que algunos ecosistemas, como los de las regiones del norte, presentan bajos niveles de protección en el SNASPE.

En el caso específico de los ecosistemas de niebla, solo un 11% de su superficie se encuentra protegida. Por otro lado, los tillandsiales son parte de los 11 ecosistemas a nivel nacional que se encuentran sin protección en el SNASPE. Estos datos reflejan la urgente necesidad de evaluar y fortalecer las medidas de conservación y preservación de la diversidad biológica en zonas hiperáridas, áridas y semiáridas.


Referencias bibliográficas

  1. Luebert, F. y Pliscoff, P. 2017. Sinopsis bioclimática y vegetacional de Chile. Editorial Universitaria. Santiago. 3da Edición. ↩︎
  2. Moat, J., Orellana-Garcia, A., Tovar, C., et al. 2021. Seeing through the clouds – Mapping desert fog oasis ecosystems using 20 years of MODIS imagery over Peru and Chile. International Journal of Applied Earth Observation and Geoinformation, vol. 103. ↩︎
  3. Munita, K., Gómez, M. y Cereceda, P. 2010. Banco de semillas en el “Oasis de niebla” Alto Patache. Informe final. s.l.: Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010. ↩︎
  4. Pinto, R. 2007. Estado de conservación de Eulychnia iquiquensis en el extremo Norte de Chile. 64, s.l.: Gayana Bot, Vol. 1 ↩︎
  5. Hepp, Josefina, & Dillon, Michael O. 2018. A new endemic species of Nolana (Solanaceae-Nolaneae) from near Iquique, Chile. Arnaldoa, 25(2), 323-38. ↩︎
  6. Pinto, R., Barría, I., Marquet, P.A., 2006. Geographical distribution of Tillandsia  lomas in the Atacama Desert, northern Chile. J. Arid Environ. ↩︎
  7. Cereceda, P., Barros, H., Lázaro P. 1999. Campos de tillandsias y niebla en el desierto de Tarapacá. Revista de Geografía del Norte Grande. N°. 26, p. [3]-13. ↩︎
  8. Vargas-Castillo, R., Stanton, D.E. y P.R. Nelson. 2017. Aportes al conocimiento de la biota liquénica del oasis de neblina de Alto Patache, Desierto de Atacama. Revista de Geografía Norte Grande 68: 49-64. ↩︎